Basta de ramas
cayendo sobre mis huesos
derrítanme el iceberg
que se atoró en mi pecho
se han dormido los días
pero casi no recuerdo mis sueños.
Un espacio para reconocernos sin prisas

¿Hasta dónde te dejarán llegar, querido amigo, con tus reclamos de amor en la existencia de los hombres que te han olvidado?
¿Podrás apreciar en tus últimos años una vejez apacible y con niños abrazándote mientras soñás con el sueño de los héroes de la vida?
¿En qué momento perdimos la cuenta de los elementos más esenciales que, cual Principito afirma, ¨son invisibles a los ojos¨?
¿Puedo ayudarte para dulcificar tus horas contadas? ¿ O acaso sos vos quien me desborda el alma con la magia de tus ojos infinitamente esclarecedores de la ternura que el ser humano, en su condición de animal racional, es incapaz de alcanzar en su propio devenir?
¿Será que no quiero decirte adios, y por ello duplico tu eternidad? Que primero fue conquistada por la lente de la artista, y ahora por el medio de publicación de esta declaración de amistad duradera que te regalo humildemente.
No tendrás más nombre que el que quieras tener, y para mí una simple mirada tuya obrará como bálsamo en todas las heridas, una inyección para seguir avanzando con firmeza entre las hojas caídas. Y sólo te llamaré amor, amor en estado puro, tierno y desinteresado. Amor en plenitud, cristalizado en tus ojos infinitos, que jamás olvidaré.
¿Hacia dónde iré a partir de ahora? Un lento decaimiento en el trayecto hacia algún lugar, viene agotando mis limitados recursos energéticos.
Qué difícil es aquello que debiera ser simple y maravilloso.
Qué sencillo es darse cuenta de que no vale la pena vaciar las fuerzas interiores a cambio de nada.
Acecha el terror a olvidarte. Aunque en el fondo sepa que el descenso suave hacia ese destino acaba de comenzar. Y mi superyo pretende darle forma definitiva.
Se viene oscureciendo el panorama, una borrasca atemoriza con anticipos de tormenta.
Sólo queda a mi favor la luminaria opalina, algo debilitada, de mi memoria que aún clama melancólicamente por el recuerdo de lo que aún no ha sido y quizás ya no deba ser.
Depende de vos, ahora sí, definitivamente.
Mi camino llegó a un abismo que marca el límite a todo paso posible. El puente está del otro lado, que es donde anidás con tus tiernas o amargas inseguridades. Depende con qué lupa lo veamos.
Ahora bien, te pregunto, ¿Qué rumbo tomarás? Como podés observar, aún queda luz en mi corazón. La lluvia y posterior inundación es inminente y se apagarán los faroles. Aunque si tendés tu puente colgante, llegaré al destino que anhelo para esta existencia finita.